En este proyecto, la idea es clara: maximizar luz y paisaje con una arquitectura limpia y contundente. Los espacios se organizan para abrirse al exterior, captar el sol del sur y convertir las vistas en una presencia constante dentro de la casa.
El corazón de la casa es un gran salón a doble altura, que genera amplitud real, sensación de hogar y una relación mucho más potente entre espacios. Y la pieza clave es una fachada sur completamente acristalada, que inunda el interior de luz natural durante todo el día y convierte las vistas hacia el golf en parte de la experiencia cotidiana.
La orientación y la apertura al sur permiten que la vivienda se llene de vida en invierno y, cuando aprieta el calor, la propia planificación de huecos y espacios exteriores busca sombra y confort para seguir viviendo la parcela: piscina, jardín y zonas de estar sin renunciar a la luminosidad.
En este proyecto, soleamiento y vistas no son un complemento: son el punto de partida.